Agorafobia, cuando el miedo al exterior domina tu vida

Las mujeres son más propensas a sufrir esta patología por cuestiones hormonales y psicológicas

agorafobia

Cuando estás triste, cansado o temeroso, tu hogar es el único lugar en el que quieres estar para librarte de todos tus males. Pero, ¿qué ocurre cuando tu miedo hace que no te puedas desprender de ese “sitio seguro” y acabes aislándote del mundo? A pesar de lo que puede parecer, cada vez son más las personas que sufren esta situación, cuya patología es recogida por los especialistas bajo el nombre de agorafobia.

Pero, ¿qué es realmente la agorafobia? Erika Marqués Rodríguez, psicóloga del Centro de Psicología Aaron Beck, afirma de ella que, aunque se ha malentendido tradicionalmente como sólo “miedo a los espacios abiertos”, esto es en realidad una simplificación errónea. Según explica la experta, la quinta versión del manual de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría –conocido como DSM-5- la define como miedo o ansiedad acusados que aparecen con dos o más situaciones típicas, como pueden ser los transportes públicos, los lugares abiertos, hacer colas, estar en medio de una multitud y/o estar solo fuera de casa.

Las personas que se ven afectadas por esta patología evitan estos factores activamente, requieren la presencia de un acompañante o soporta esta situación a costa de un intenso miedo o ansiedad. “La persona teme o evita dichas situaciones por temor a tener dificultades para huir o recibir ayuda en caso de que aparezcan síntomas similares al ataque de pánico u otros síntomas incapacitantes o que pudieran ser motivo de vergüenza”, recalca sobre la agorafobia Erika Marqués Rodríguez.

Esta situación se ve acrecentada por los ataques de pánico que suele llevar inherente la agorafobia. Así, estas personas sufren apariciones súbitas de miedo intenso o un gran malestar que provoca en los afectados palpitaciones o aceleración cardiaca, sudoración, temblor, dificultad para respirar o sensación de ahogo, mareo, aturdimiento o desmayo, entre otros síntomas.

“Aunque la agorafobia puede existir sin trastorno de pánico, lo más frecuente es que a la agorafobia se llegue a partir de uno o más ataques de pánico”, señala la psicóloga Marqués Rodríguez. A esto añade: “Se empieza evitando situaciones en las que se ha experimentado ya algún ataque de pánico, pero puede empeorar y extenderse a otras situaciones y lugares que la persona relaciona o cree que podrían disparar ataques de pánico o provocar una alta ansiedad e incapacidad de escapar o recibir ayuda”.

Tal y como muestra la experta, existe una serie de factores de riesgo que hace que un tipo de personas sean más propensas a verse afectadas por esta problemática. Entre estos aspectos se encuentra tener estrés intenso, fumar cigarrillos o marihuana, tomar en exceso cafeína o estimulantes, o vivir una situación intensamente amenazante. A esto se le suman características de personalidad o variables psicológicas como ser inseguro o ansioso, padecer otro trastorno de ansiedad, tener una personalidad dependiente, no tener buenas habilidades de resolución de problemas o ser retraído.

Por cuestiones hormonales, psicológicas y sociales, las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir agorafobia, tal y como muestra Erica Marqués.

La gravedad del trastorno de pánico y de la agorafobia es variable, pudiendo ir desde algo muy puntual hasta una limitación total del funcionamiento de la persona. En casos graves, los individuos se ven obligados a abandonar sus estudios o trabajo y su vida social para permanecer encerrados y convertirse en personas dependientes, lo que afecta con el tiempo también a las relaciones familiares..

Esta sensación de temor e inseguridad puede extirparse de manera definitiva con tratamiento psicológico. Para tratarlo, se deben llevar a cabo terapias psicológicas cognitivo-conductual basadas en varios aspectos como son la psicoeducación -la persona ha de recibir información sobre lo que le ocurre- o la desensibilización a las sensaciones corporales de ansiedad –mediante la exposición de la persona de forma gradual, repetida y controlada a las sensaciones de ansiedad-.

A esto se une el entrenamiento en técnicas de control de ansiedad y diseño progresivo de la exposición gradual en vivo a las situaciones y lugares temidos, así como la progresiva eliminación de estímulos y conductas de seguridad que contribuyen a mantener el trastorno.

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