Cómo superar el miedo a volar

Cada día vuelan ocho millones de personas de un punto a otro del planeta. Y aunque se considera al avión el transporte más seguro, miles de personas aún no consiguen subirse a uno. Los principales mitos y verdades en boca de un experto

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De acuerdo a los registros internacionales, existen unas 1400 aerolíneas comerciales nacionales e internacionales que operan en unos 3900 aeropuertos alrededor del mundo. A través de unos 25 mil aviones, cada día vuelan unos ocho millones de personas de un punto a otro del planeta. Además, el conjunto de las compañías aéreas vende unos 3000 millones de pasajes al año y los accidentes se ubican por debajo de uno cada millón y medio de vuelos.

Frente a estas cifras, el licenciado Modesto Alonso, psicoterapeuta especialista en Psicología aeronáutica y factores humanos señaló que “la aviación comercial es el sistema de transporte más seguro, sin embargo hay gente con temor a volar que se anima a manejar toda la noche en la ruta”.

De hecho, en estos últimos años, la permanente mejora en los sistemas de seguridad y el manejo y control del “error humano” han vuelto a los vuelos más seguros. De acuerdo al reporte estadístico de la Agencia Europea de Seguridad de Aviación (EASA por sus siglas en inglés) en el período entre los años 2004 y 2013 se produjeron unos 106 millones de vuelos de los cuales, 10,25 millones corresponden al último año, en el que se reportaron unos 18 accidentes y ninguno de ellos con resultado fatal. En 2014, el mundo entero se conmocionó con la noticia del avión extraviado del vuelo MH370 de Malaysia Airlines y la aeronave que se estrelló en Ucrania de la misma compañía. A pesar de ello, “ESTE AÑO EN TODO EL MUNDO HUBO TANTAS VÍCTIMAS EN AVIONES COMERCIALES, COMO EN LA ARGENTINA SOLAMENTE EN UN MES Y MEDIO DE ACCIDENTES VIALES”, remarcó Alonso.

Miedo a la imaginación

Dando cuenta de estos datos, queda por preguntarse por qué persiste en algunas personas el terror por subir a una aeronave. Desde hace un par de años, la tecnología ha posibilitado al público el acceso al vuelo. Para mucha gente no sólo es un medio práctico y veloz de desplazarse para pasear o trabajar, sino también una fuente de placer intenso. Pero esto no es así para todos. Para cierta proporción de los pasajeros el vuelo y el avión son fuente de ansiedades y temores que van desde una discreta inquietud hasta un terror paralizante que impide subir a un avión.

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Según la cuarta edición del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, DSM-IV R (2007), el miedo excesivo a volar en avión, puede formar parte de diversos cuadros de variada gravedad, y se encuentra categorizado entre los trastornos de ansiedad, como una fobia específica tipo situacional que se caracteriza por la presencia de respuestas de miedo considerados por la misma persona como irracionales, ante la presencia o anticipación de los estímulos relacionados con el hecho de volar.

El miedo a volar afecta, con diverso grado de severidad, a una proporción significativa de la población, presentándose desde una forma leve y justificada, hasta un temor intenso, irracional e inhabilitante, ya sea para el vuelo de un pasajero, o para el trabajo de un profesional del vuelo, civil o militar. Este problema genera sufrimiento, obstáculos prácticos, conflictos profesionales, y pérdidas económicas y operativas. “ESTE TEMOR ES UNA CREACIÓN DE LA IMAGINACIÓN, DADO QUE NO FUIMOS DISEÑADOS PARA VOLAR, AUNQUE FUIMOS CAPACES DE INVENTAR LOS AVIONES que respetan rigurosamente las leyes de la física. Este problema se presenta en muchas formas y grados que van desde una inquietud simple, por falta de información, a fobias intensas vinculadas con problemas psicológicos severos”, señaló el especialista.

“Para comprenderlo, además de examinar cuestiones médicas, deben considerarse los significados del vuelo, sus estresores, las variables socioculturales, el estilo de personalidad de quien lo padece, el estilo de manejo de la ansiedad y las dificultades en sus defensas ante la ansiedad que contribuyen a la presencia del miedo o, más gravemente, de la fobia al vuelo”, agregó.

Se pueden instrumentar distintos encuadres de abordaje, ya sea psicoterapéuticos o de entrenamiento, individual o grupal centrados en el problema. En un encuadre clínico, la acción dependerá de la forma de trabajo del psicoterapeuta, del diagnóstico de personalidad, de las características del síntoma, considerando además aquéllas cuestiones de contexto, que llevan a abordajes diferenciales según que se trate de un pasajero, personal aeronavegante, civil o militar.

Según el licenciado Alonso, el abordaje del temor a volar tiene varios ejes: descartar problemas médicos, ofrecer información aeronáutica, entrenamiento en técnicas de relajación y respiración, entrenamiento en técnicas para afrontar el estrés, revisión del funcionamiento cognitivo y corrección de procesos, además de la psicofarmacología. En promedio, este proceso puede llevar de 6 a 10 entrevistas. “Muchos psicoterapeutas nos envían a sus pacientes para este trabajo específico como complemento de su psicoterapia”, destacó.

Miedo a volar y otros miedos 

Esta aversión se expresa en especial en el miedo a morir en un accidente aéreo, pero a la vez es frecuente que coexista con otros temores tales como al encierro, a las alturas, al movimiento, al vértigo, a marearse, a la falta de control de la situación, a descomponerse, a inquietantes sensaciones corporales, a hacer el ridículo, a enloquecer, a sentir miedo y angustia en sí mismos.

“Debe diagnosticarse en primer lugar si existen problemas médicos que hagan que el vuelo sea contraindicado en mayor o menor grado, por la presencia por ejemplo de prolapso de válvula mitral, problemas en oído medio e interno, obstrucción de senos para nasales, alta sensibilidad a medicamentos, respuestas alérgicas, respuestas a aceleración, odontalgias, entre otras afecciones”, señaló el licenciado Alonso.

¿Cómo se adquiere? 

En cada persona, el miedo a volar, como todo problema psicológico, se configura con una modalidad e intensidad que es el resultado de factores genéticos, estructura de personalidad, experiencias previas y actuales. En la adquisición o aprendizaje de este temor, se encuentran como factores más frecuentes las experiencias angustiantes tales como vuelos con turbulencias intensas, incidentes, accidentes o la atribución de significado peligroso al vuelo que suele relacionarse, por ejemplo, con la coincidencia temporal con situaciones vitales críticas y dolorosas, o por consecuencias directas de un vuelo en particular. En relación a las turbulencias, Alonso descartó el peligro de que el avión se caiga, aunque existe el riesgo de sufrir lesiones por golpes si el pasajero no está debidamente sujetado a su asiento como indican las señales ante estas situaciones. “Es importante destacar que el avión está preparado para la turbulencia, es muy flexible y no busca los núcleos de turbulencia mayores. Si un pasajero entrara a la cabina del piloto mientras es atravesado uno de estos frentes, lejos de encontrarse con tripulantes aterrados que se aferran a los mandos de la aeronave, vería al personal tranquilo conversando mientras la computadora de vuelo regula la reacción de la aeronave”, agregó el especialista que también es piloto privado.

Por otra parte, adquirir el miedo a volar, también puede ser la consecuencia de la construcción de creencias erróneas acerca del vuelo y los aviones, por características personales predisponentes tal como algún tipo de trastorno de ansiedad, hipersensibilidad neurovegetativa y otros problemas médicos.

A veces, son las experiencias aversivas directas o por vías indirectas, como el aprendizaje vicario o la transmisión de información, las que cumplen con un rol decisivo en la adquisición del miedo o la fobia a volar. “Una persona puede haber tenido un vuelo complicado, algún incidente, o un accidente leve, o simplemente vio a alguien con mucho miedo en el avión, o alguien cercano le relató una experiencia negativa de mal vuelo o incluso escuchar la noticia de un accidente de avión”, explicó el licenciado Alonso.

Otras veces, el miedo a volar siempre estuvo presente o apareció sin un desencadenante puntual, en una persona que vivió o está viviendo en condiciones estresantes no específicas ya sean problemas laborales, familiares o emocionales que podrían estar actuando como favorecedoras de la deshabituación o de la reinstauración de miedos evolutivos.

La consideración del sufrimiento personal y de los costos económicos y laborales derivados del problema del miedo a volar ha estimulado diversos enfoques para su abordaje. Así, se aplican diversos tratamientos psicoterapéuticos según el marco de referencia de cada profesional o institución. También se recurre a experiencias individuales o grupales como entrenamiento específico para superar o mitigar el miedo o fobia al vuelo.

La evaluación individual consta de una entrevista libre y dirigida, anamnesis, y toma de pruebas como: escala de temores a situaciones de vuelo, escala de ansiedad de Hamilton, MCMI-III, y otros instrumentos según necesidad. La persona es incluida en un seminario individual o grupal en el que recibe información aeronáutica, actividades de reestructuración cognitiva, intervenciones psicodinámicas con enfoque integrativo, entrenamiento en técnicas de respiración, relajación y afrontamiento del estrés y actividades con simulador de vuelo en PC. Está presente también la orientación médica y eventual indicación farmacológica.

“Para aquellas personas que lo necesitan, el médico clínico puede determinar la indicación de ansiolíticos o un tipo de antidepresivos que tiene a su vez un efecto ansiolítico que es muy específico”, precisó Alonso.

Cuando las condiciones lo permiten, se hacen visitas a instalaciones aeronáuticas y se organizan vuelos de prueba en avión de línea con los instructores del Seminario.

“Frecuentemente, el paciente que acude a nosotros está en tratamiento psicoterapéutico y su terapeuta lo deriva para trabajar puntualmente sobre el tema específico. En esos casos se cuida que la tarea se desarrolle del modo más favorable al proceso en curso y se brinda al profesional tratante toda la información que requiera, con el acuerdo del paciente”, destacó Alonso.

Ante el primer vuelo que se produzca y sin dejar pasar tiempo, se procura hacer un seguimiento de los resultados ya que aunque la experiencia haya sido muy exitosa existe en los pacientes una tendencia evasiva que los lleva a desconectarse con el tratamiento específico realizado.

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