Investigación sugiere la existencia de predisposición genética para la aparición del trastorno de pánico

Un equipo de investigación alemán concluye que la variante de un gen del sistema de las orexinas podría influir en el riesgo de aparición del trastorno de pánico en humanos.

Cuando una persona experimenta momentos de miedo intenso de manera súbita y sin razón aparente, se suele diagnosticar un trastorno de pánico.

Este desorden emocional se caracteriza por la aparición recurrente de ataques y sus síntomas (sudoración abundante sensación de ahogo, mareos o temblores), así como la sensación constante de que las crisis ocurrirán, lo cual genera más ansiedad.

De forma general, este trastorno se trata mediante terapia cognitivo-conductual. Sin embargo, su efectividad es variable. Teniendo en cuenta las consecuencias negativas este padecimiento para la calidad de vida de las personas que lo padecen, los científicos siguen intentando encontrar un enfoque de tratamiento más efectivo.

Numerosos estudios preclínicos sugieren que la actividad de las orexinas (OX) puede modular la formación y expresión de memorias relacionadas con el miedo. Las orexinas son dos neuropéptidos que se encuentran en las neuronas del hipotálamo.

Al unirse a receptores específicos pueden controlar el ciclo sueño-vigilia y  otras respuestas emocionales. La expresión del receptor para la Orexina 1 se supone que incrementa la incidencia de ataques de pánico y miedo.

Una investigación de especialistas alemanes afirma haber descubierto finalmente una relación directa entre las orexinas y la incidencia de trastorno de pánico con o sin agorafobia desde el punto de vista genético.

Un alelo podría aumentar la posibilidad de sufrir trastorno del pánico

El estudio, publicado en la revista Translational Psychiatry se desarrolló sobre la hipótesis de que el genotipo HCRTR1 del receptor de la OX1 incrementaba nuestra vulnerabilidad a sufrir trastorno de pánico (con o sin agorafobia) y disminuía la respuesta al tratamiento.

Para comprobarlo se analizaron dos grupos diferentes de adultos jóvenes caucásicos para un total de 613 pacientes y 1839 sujetos control.

De acuerdo con los autores, el seguimiento incluyó 12 sesiones de terapia cognitivo-conductual así como estudios genéticos y de resonancia magnética funcional.

Antes y después del tratamiento, los pacientes fueron caracterizados utilizando la versión alemana del Agoraphobic Cognitions Questionare (ACQ), entre otros test de comportamiento. Los resultados parecen confirmar las hipótesis planteadas.

Gottschalk y sus colaboradores identificaron un alelo del genotipo estudiado que se encuentra relacionado con la aparición de trastorno de pánico en ambos grupos.

Según los autores ese alelo puede aumentar las señales del receptor de la Orexina 1 y, de esta forma, sobreactivar el “sistema de alerta” en determinadas áreas del cerebro.

¿El resultado? Un incremento en la probabilidad de experimentar trastorno de pánico asociado o no a la agorafobia, principalmente en las mujeres. Esta variante parece influir además en la efectividad de la terapia cognitivo-conductual.

De ser así, esta investigación abriría una nueva puerta hacia el desarrollo de terapias adecuadas a nuestra predisposición genética, lo que hoy se enmarca dentro de la llamada medicina personalizada.

Estudios futuros

Los trastornos de ansiedad se han vuelto cada vez más frecuentes en las sociedades actuales. La reciente publicación de Translational Psychiatry arroja alguna claridad sobre los distintos roles del sistema de las orexinas en nuestro organismo.

 

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