“¿Por qué tanto miedo a morir?”

El ataque de pánico como síntoma que afecta a todos por igual, es el eje del libro de Ana Prieto, que analiza un sufrimiento actual.
POR HECTOR PAVON

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Prieto. “Existe un prejuicio de que el pánico se presenta en las clases altas”. (Vivian Ribeiro)

La historia de mi pánico no empezó durante la noche fatídica en que me dio un ataque de pánico”. Paradójica, ambigua y certera, la frase está en el libro de Ana Prieto “Pánico, diez minutos con la muerte” editado por Marea dentro de la colección Ficciones reales. ¿A qué pánico se refiere la autora? A uno, a dos, a varios. Los propios y los recabados a lo largo de un sendero donde surgieron historias, patologías y, sobre todo, pesares de la subjetividad. En el libro, Prieto combinó herramientas y recursos de la crónica, la investigación y la mirada periodística experimentada. De todos ellos surge un trabajo complejo que, claramente, diagnostica el tiempo que nos tocó vivir. Con calma, habló de su libro.

¿El ataque de pánico siempre está acompañado por la sensación de muerte inminente?

Sí, eso es lo que lo define. Lo que uno siente durante un “pánico” no es solamente algo físico, sino una carga de miedo y angustia grande. Empezás a pensar en lo que te está pasando físicamente. Hay disparadores para el pánico, uno interpreta que va a morir o que va a volverse loco también. Ocurre que en nuestra cultura occidental se odia la muerte, no se quiere saber nada con ella. Un psicólogo me decía que en zonas rurales no veía casos de pánico y yo pensaba que debía estar ligado con este terror a morir. Y eso me llevó a pensar que en una zona rural, estás en contacto con el ciclo de la vida en forma cotidiana, ves el proceso todo el tiempo: el pollo que estás comiendo es el que antes estaba en el corral. Pero a los de la ciudad no nos gusta pensar en la muerte y me parece que este terror a morir salta como algo que está en una olla a presión. No puede ser que vivamos en una cultura que no piensa en algo que nos va a pasar a todos y cuando el pánico te da ese terror a morirse tan grande es cuando decís, caramba, ¿por qué tanto miedo a morir?

Un prejuicio compartido: el ataque de pánico es un problema de clase alta y porteños acelerados…

Sencillamente no es cierto. Para ver si esto era así, me instalé en una guardia de un hospital público una vez por semana durante varios meses. Todos los jueves hacía una guardia desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche y ningún pánico que llegó era un rico. Es absurdo. No sé por qué se tiene en general este prejuicio de que el pánico se presenta en las clases altas. Y es desastroso porque es como decir que los pobres no se angustian, que no tienen miedo a la muerte, que no saben hablar de sí mismos, que no saben construir subjetividad, que no tienen un universo simbólico que puedan transferirle a alguien para poder curarse con la palabra. Estamos diciendo todo eso cuando decimos que no existen pobres con pánico, como diciendo que un pobre no tiene derecho a la angustia existencial, es terrible.

¿Cuánto sabemos del ataque de pánico? Es decir, ¿quiénes están en condiciones de reconocerlo? ¿Se dan cuenta rápidamente en las guardias?

Se dan cuenta en un segundo. El derivador lo reconoce con dos preguntas y un chequeo para ver si físicamente estás bien. La mayoría va corriendo a la guardia, creo que incluso alguien que sabe todo sobre el pánico, va a ir corriendo a la guardia. Hay mucha gente ahora que se auto diagnostica, cada vez más llega al psicólogo con un diagnóstico previo, muchas veces bien hecho porque hay mucha información que circula. Pero si te parece una tontería, no lo vas a identificar. ¿Cuánto sabe la gente sobre el pánico? Es un tema que está en el aire, cuando le pasó a Ernestina Pais se habló en todos lados.

¿Pero eso ayuda o no? A veces se genera una visión negativa cuando hay un famoso como ejemplo…

Que solamente se sepa el pánico de ricos y famosos no ayuda porque refuerza esos prejuicios. Una mala difusión del tema no sirve para nada. Hay mucha confusión y solemos pensar que hay recetas únicas para las cosas. No sé, pero sí me parece clave que, cuando a uno le da pánico sólo puede enumerar síntomas, es bastante inenarrable el pánico, entonces, una forma de sanarse o de volver al estado original, es narrándolo.

¿Hay preocupación por este tema en el campo de la salud mental?

Un poco de todo, hay profesionales para los que el pánico es nada comparado con un trastorno bipolar severo o con una depresión mayor, obvio. Pero si vos estás sufriendo terriblemente, estás sufriendo terriblemente y punto. Es indudable que las consultas psiquiátricas y psicológicas del momento son mayormente por depresión y ansiedad, sin dudas, en eso están todos de acuerdo. Hay que aclarar que es un tema de consulta del que se sale rápido con ciertas herramientas terapéuticas. Se trata de poder hablarlo y así liberar la angustia. No puedo decir que esto preocupe a los profesionales de la salud mental –esta gente ve casos de distinta gravedad–pero sí decir que saben que la gente sufre mucho con eso. El sufrimiento del pánico es un padecimiento muy consciente y nadie lo quiere llevar consigo mismo. Hay otras estados de sufrimiento en los que te dejás estar, en el pánico el que lo tiene no quiere estar así, aunque no pueda combatirlo, estás muy obsesionado con no estar así. Ahora, si es una preocupación de ellos no sé, a un médico o un psicólogo de guardia el pánico no es algo que le preocupe. A alguien con pánico lo pueden hacer esperar, a alguien con una depresión mayor que acaba de intentar un suicidio, no. Va a tener prioridad. Con el pánico sabés que no te morís; el depresivo mayor tiene en riesgo su vida.

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