Una alimentación genuinamente saludable para evitar los ataques de pánico

Los humanos NO están diseñados para consumir “saludables granos integrales.” Nuestra intolerancia puede surgir como diabetes tipo 1 en niños, diabetes tipo 2 en niños y adultos, reflujo ácido, problemas intestinales, enfermedades autoinmunes, demencia, ataques, hipertensión, retención de agua, paranoia, ansiedad, desordenes de la alimentación, o simplemente sentirse descompuesto.

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Ciertos cambios fundamentales en la alimentación y el estilo de vida que ocurrieron después de la Revolución (agrícola) Neolítica, y especialmente después de la Revolución Industrial, son demasiado recientes – en una escala evolutiva – para que el genoma humano se haya adaptado por completo. Este desajuste entre nuestra fisiología antigua y la alimentación y el modo de vida occidental es la base de las tantas enfermedades de la civilización, incluyendo enfermedades coronarias, obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2, cánceres de células epiteliales, enfermedades autoinmunes y osteoporosis, que son inusuales o virtualmente inexistentes en cazadores-recolectores y otras poblaciones no occidentalizadas. La mayor parte del genoma humano posee genes ancestrales que se han adaptado durante millones de años a una alimentación Paleolítica. La alimentación baja en carbohidratos parece ser el estado metabólico normal asociado a la buena salud, que es consistente con la visión de que a lo largo de la mayor parte de nuestra evolución humana, progresamos bajo una dieta baja en carbohidratos. Hoy estamos aquí porque nuestros ancestros sobrevivieron prolongados períodos de ayuno mientras cazaban en busca de alimentos y fueron capaces de prosperar gracias a alimentos de origen animal bajo condiciones medioambientales muy interesantes, particularmente durante prolongados e intensos períodos de frío.

La herramienta más importante con la que cuentas para modificar tu salud es la comida que ingieres. Y no en el último estudio genético de células madre o modificación genética en el laboratorio de algún científico loco. Los alimentos son información que hablan a tus genes y son capaces de encenderlos o apagarlos, indicándoles qué hacer o qué no hacer. Los alimentos que ingieres poseen la información necesaria para afectar tu salud de la forma más rápida.

Desde un punto de vista biológico, genético y fisiológico, estamos altamente optimizados y equipados por la naturaleza para ser ‘cazadores-recolectores’. Mayormente hemos estado ingiriendo alimentos animales de alta calidad libres de hormonas, antibióticos y pesticidas sin alteraciones genéticas. Esta alimentación era muy elevada en grasa, algo que era muy valorado, y baja en carbohidratos. Los pocos carbohidratos, si es que los había, se ingerían según la disponibilidad estacional.

Para la mayoría de nosotros, desde una perspectiva evolutiva, una alimentación alta en azúcar es un desafío metabólico que algunos sufren con dificultades desde el nacimiento y que a muchos se les complica en la adolescencia. Los humanos NO están hechos para consumir ‘saludables granos integrales.’ Nuestra intolerancia puede mostrarse como diabetes tipo 1 en niños, diabetes tipo 2 en adultos, reflujo ácido, problemas intestinales, enfermedades autoinmunes, demencia, ataques de pánico, hipertensión, paranoia, ansiedad, trastornos de la alimentación, o simplemente malestares. Para más información, ver ‘La vida sin pan‘, la ‘Dieta Cetogénica‘, o cualquier recurso sobre la alimentación Paleolítica.

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